El 27 de octubre de 2026, Netflix estrenó The One About Matthew Perry, una serie documental de tres episodios dirigida por Mary Robertson y construida a partir de testimonios de personas que conocieron de cerca al actor. Su hermana Mia Perry Bowick participa por primera vez frente a cámara hablando sobre él, junto a amigos y colaboradores, mientras fotografías y videos inéditos del archivo familiar intentan reconstruir al hombre que existió detrás de Chandler Bing.
El estreno llegó apenas un día antes de una fecha inevitable en la historia de Perry: el 28 de octubre se cumplieron exactamente tres años desde su muerte. La coincidencia convierte a la serie en algo más que un documental biográfico y vuelve a poner su historia bajo una nueva mirada.
Aquella tarde de 2023, el actor tenía 54 años cuando fue encontrado sin respuesta dentro del agua en su residencia de Pacific Palisades, Los Ángeles. Los servicios de emergencia llegaron al lugar, pero ya no había nada que hacer.
La escena parecía explicarse sola. Un hombre dentro del agua. Sin signos evidentes de una agresión fatal. Sin una lesión traumática que justificara la muerte. La primera lectura podía conducir naturalmente al ahogamiento.
Pero los cuerpos no siempre mueren de aquello que primero parece evidente. Y ahí comenzó realmente el caso.
La escena que parecía explicarlo todo
Dos meses después, el Departamento Médico Forense del Condado de Los Ángeles publicó su conclusión. Matthew Perry no había muerto simplemente ahogado.

La causa principal fueron los efectos agudos de la ketamina. El ahogamiento aparecía como factor contribuyente, junto con una enfermedad de las arterias coronarias y los efectos de la buprenorfina. La forma médico-legal de muerte fue clasificada como accidente.
Esa diferencia puede parecer semántica, pero cambia completamente la reconstrucción. El agua ya no era necesariamente el primer evento de la cadena. Podía haber sido el último.
La autopsia no encontró lesiones fatales que explicaran por sí solas la muerte. En cambio, los análisis químicos revelaron algo que a simple vista era imposible observar: Perry tenía una concentración extraordinariamente elevada de ketamina en su organismo. Era allí donde había que comenzar a mirar.
3.540 nanogramos que cambiaron el caso
La toxicología encontró 3.540 nanogramos de ketamina por mililitro de sangre periférica. En sangre central había 3.271 ng/mL. Son cifras difíciles de interpretar fuera de un laboratorio. Por eso el propio informe entrega una referencia: concentraciones dentro de ese rango pueden encontrarse en contextos de anestesia general.
Esto no significa que Perry hubiese recibido simplemente "una dosis de anestesia". En toxicología forense no es posible traducir de forma automática una concentración encontrada después de la muerte a una cantidad exacta administrada. Pero sí permite comprender la magnitud.
El médico forense señaló dos mecanismos especialmente relevantes: sobreestimulación cardiovascular y depresión respiratoria. También consideró probable que Perry perdiera la conciencia y quedara sumergido en el agua.
Desde ahí, la muerte comienza a poder reconstruirse desde dentro del cuerpo. La conciencia disminuye. La capacidad de reaccionar desaparece. La respiración puede verse comprometida. Y si todo eso ocurre dentro del agua, el escenario cambia radicalmente.
La ketamina no necesitaba provocar directamente el ahogamiento. Bastaba con impedir que Perry pudiera defenderse de él.
El corazón también tenía algo que decir
Pero los 3.540 nanogramos no estaban actuando sobre un sistema cardiovascular completamente sano. Durante la autopsia apareció una aterosclerosis coronaria focal moderada. Uno de los vasos presentaba un estrechamiento de aproximadamente 50% a 75%. El corazón además estaba levemente aumentado de tamaño.
Ese dato es especialmente relevante porque la ketamina puede estimular el sistema cardiovascular. El corazón puede acelerarse y aumentar la presión arterial. El músculo cardíaco necesita entonces más oxígeno. Si una arteria coronaria ya tiene reducido significativamente su diámetro, el organismo dispone de menos margen para responder a esa mayor exigencia. Por eso la enfermedad coronaria no apareció en el informe simplemente como una curiosidad anatómica. Fue incluida entre las condiciones que contribuyeron a la muerte porque podía agravar los efectos de la ketamina sobre el corazón.
Los pulmones aportaron otra pieza. Presentaban cambios enfisematosos, edema y congestión. Tampoco eran, por sí solos, la causa principal. Pero formaban parte de un organismo que estaba intentando compensar simultáneamente alteraciones respiratorias y cardiovasculares.
La autopsia empezaba así a construir una cadena. No una causa aislada: ketamina, alteración de conciencia, un corazón vulnerable, respiración comprometida y agua.
La segunda sustancia no era letal, pero importaba
La toxicología también detectó buprenorfina, un medicamento utilizado, entre otras indicaciones, para tratar el trastorno por consumo de opioides. La cantidad encontrada no era considerada tóxica.
Y precisamente ahí aparece uno de los detalles que hacen interesante una lectura forense: una sustancia no necesita alcanzar por sí sola una concentración mortal para participar en una muerte. El médico forense la incluyó entre los factores contribuyentes por su posible efecto respiratorio aditivo cuando se combina con niveles elevados de ketamina.
La pregunta ya no era entonces qué elemento individual había matado a Matthew Perry. La pregunta era cómo todos esos elementos habían interactuado.
La ketamina que no podía venir de su tratamiento
Existía, sin embargo, una explicación aparentemente lógica para encontrar ketamina en su organismo. Perry estaba recibiendo tratamientos médicos con ese fármaco. Pero había un problema.
Su última sesión conocida había ocurrido aproximadamente una semana y media antes de morir. El propio informe forense señaló que, debido a la corta vida media de la ketamina, aquella terapia no podía explicar las elevadas concentraciones encontradas después de su muerte.
Eso abrió una pregunta completamente diferente. Si esa ketamina no provenía de su última terapia... ¿de dónde había salido?
Hasta ese momento, la autopsia había explicado lo ocurrido dentro del cuerpo. Ahora la investigación tendría que reconstruir lo ocurrido fuera de él.
La muerte accidental que abrió una investigación criminal
Durante los meses siguientes comenzó a aparecer una historia que la escena inicial jamás habría permitido imaginar. La investigación federal terminó estableciendo una cadena de suministro alrededor del actor que incluía médicos, intermediarios y a su propio asistente personal.
Kenneth Iwamasa vivía con Perry y trabajaba para él. No era profesional médico y no tenía formación sanitaria. Sin embargo, según documentos judiciales, terminó administrándole ketamina mediante inyecciones.
Uno de quienes proporcionó inicialmente la droga fue Salvador Plasencia, médico que operaba una clínica en California.
Plasencia distribuyó a Perry y a su asistente 20 viales de ketamina, además de comprimidos y jeringas. También enseñó a Iwamasa cómo realizar las inyecciones pese a que este no tenía preparación médica. El Departamento de Justicia estableció posteriormente que Plasencia cobró un total de 57.000 dólares por ese suministro.
En algún momento ocurrió una advertencia difícil de ignorar. Iwamasa presenció cómo Plasencia administraba a Perry una cantidad de ketamina que hizo que el actor quedara inmóvil e incapaz de hablar. Según los documentos judiciales, el propio médico dijo después que no debían repetirlo. Pero el consumo continuó.
51 viales en once días
Paralelamente, Iwamasa había comenzado a buscar una fuente más constante y barata. Ahí apareció Erik Fleming.

Fleming conseguía la ketamina de Jasveen Sangha, una distribuidora que terminaría siendo conocida en el expediente como la "Ketamine Queen".
Durante octubre de 2023, Iwamasa compró a Fleming 51 viales en un período de apenas once días. La cantidad llama la atención.
Pero quizá resulta todavía más revelador lo que ya había comenzado a ocurrir dentro de la casa. En las semanas previas a la muerte, el asistente encontró a Perry inconsciente al menos en dos ocasiones. También presenció una reacción inmediata después de otra inyección en la que el actor quedó nuevamente sin poder moverse ni hablar.
Había señales. No abstractas. No encontradas después durante una autopsia. Habían ocurrido frente a quienes estaban participando en la administración de la droga. Y aun así, las inyecciones continuaron.
El último día une las dos investigaciones
El 28 de octubre de 2023, la historia clínica, la toxicología y la investigación criminal terminaron cruzándose.
Según el Departamento de Justicia, Iwamasa administró a Perry al menos tres inyecciones de la ketamina proveniente de Sangha durante aquel día. Una de ellas ocurrió apenas horas antes de su muerte.
Después Perry fue encontrado sin respuesta dentro del agua.
Ese dato permite unir finalmente las dos mitades del caso. Por un lado estaban los 3.540 ng/mL hallados en sangre. Por otro, una investigación capaz de explicar cómo una cantidad tan significativa de ketamina había llegado al organismo pocas horas antes.
La autopsia había revelado la sustancia. La investigación encontró la ruta.
Después de la muerte, también hubo silencios
La historia todavía tendría otro giro. Después de llamar al 911, Iwamasa fue interrogado por la policía. Entregó información sobre los médicos y medicamentos que utilizaba Perry, pero omitió inicialmente la ketamina y las inyecciones que había administrado aquel mismo día.
Posteriormente, según los documentos judiciales, tomó medidas para retirar evidencia relacionada con la ketamina y comunicó a Fleming que había limpiado el lugar y eliminado información.
Una muerte que durante sus primeras horas parecía explicarse dentro de una piscina se había transformado en una investigación sobre suministro de drogas, prácticas médicas, intermediarios y responsabilidades penales.
Accidente para el forense, responsabilidad para la justicia
Aquí aparece una aparente contradicción. La muerte de Matthew Perry sigue oficialmente clasificada como accidental. Sin embargo, cinco personas terminaron siendo condenadas en causas vinculadas con el suministro de ketamina.
No es una contradicción. La medicina forense y la justicia responden preguntas diferentes.
El médico forense intenta establecer cómo ocurrió una muerte. La justicia intenta determinar qué responsabilidad tienen las personas que participaron en los hechos que la rodearon.
En mayo de 2026, Iwamasa se convirtió en el quinto y último acusado en recibir sentencia: 41 meses de prisión. Sangha fue condenada a 15 años, Plasencia a 30 meses y Fleming a dos años. Mark Chavez recibió ocho meses de arresto domiciliario, servicio comunitario y libertad vigilada.
Plasencia, cabe precisar, no proporcionó la ketamina que finalmente provocó la muerte de Perry. Su responsabilidad penal estuvo vinculada al suministro previo y a las condiciones en que facilitó el acceso al medicamento.
Lo que queda cuando se aparta la primera impresión
Tres años después, The One About Matthew Perry ya está disponible en Netflix y vuelve a colocar su historia frente a millones de personas.
La serie documental de Netflix propone mirar al actor desde su vida, sus amistades, su trabajo y sus años enfrentando las adicciones.
La medicina forense conserva otra parte de aquella historia. Una mucho menos visible.
No está escrita en escenas de Friends ni en entrevistas.
Está en una concentración química. En una arteria estrechada. En pulmones congestionados. En una sustancia que no podía provenir de una terapia realizada diez días antes.
Y en una investigación que terminó reconstruyendo el recorrido de la ketamina hasta las últimas horas de vida del actor.
La muerte de Matthew Perry pareció inicialmente sencilla porque el cuerpo apareció dentro del agua.
La evidencia terminó demostrando exactamente lo contrario.
La piscina solo mostraba el final.
La verdadera historia estaba en la sangre y en todo lo que había ocurrido antes de que Perry entrara en ella.
Fuentes: Los Angeles County Medical Examiner · U.S. Department of Justice, Central District of California · Netflix Tudum
← Volver a todas las notas